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Hace unos meses, invitado por un profesor de un instituto de Antequera, di una charla frente a 40 estudiantes de la ESO sobre la motivación para aprender idiomas. Mi primera sorpresa llegó cuando, a mi pregunta de quién se consideraba incapaz para los idiomas, un alto porcentaje de alumnos levantó la mano.

La segunda sorpresa me dolió más: si elevado era el número de quienes creían que se les daban mal, la cantidad de quienes afirmaban que la situación era irreversible alcanzaba prácticamente la unanimidad. Sin embargo, mirándolo en retrospectiva me he dado cuenta que no debería haber sido sorpresa alguna, pues el pensar que somos malos para el inglés es común en España.

Hasta los 15 años reconozco que también me consideré pésimo para el inglés. Casi siempre sacaba cincos en el instituto y en segundo de la ESO tuve que recuperarla en septiembre. Recuerdo que en tercero un profesor me dijo: “¿Eres consciente que tienes un problema serio con el inglés?”.

Aquel comentario no hizo más que confirmar mis prejuicios, y mi conflicto con el inglés se extendió hasta un año más tarde, en cuarto de la ESO. En el primer examen de ese curso saqué un 2,9 y recuerdo que la profesora me entregó la nota diciendo “Me esperaba más de ti”.

Aquello chocaba frontalmente con lo que había escuchado antes. ¿Cómo que se esperaba más de mí? ¿Acaso no se había enterado de que tenía un problema serio con el inglés? A pesar de mis reticencias iniciales, esa frase debió calar hondamente en la mente de aquel adolescente pues desde ese momento mi nivel de inglés comenzó a aumentar vertiginosamente.

Terminé el curso con un 9.1. Paralelamente, ese mismo año me convertí en un amante declarado de la lengua de Shakespeare y comencé a ver películas, traducir canciones y leer libros todo en inglés hasta recuperar el tiempo perdido. Más tarde, continué estudiando Traducción e Interpretación, obtuve la acreditación de C2 y actualmente soy profesor en una academia de inglés en Toledo.

Ignoro si el comentario de mi profesora de 4ª de la ESO fue crucial en mi posterior pasión por el inglés, pero lo cierto es que a partir de ese año dejé de verlo como una asignatura más y empecé a verlo como lo que es: el inglés es una herramienta de comunicación y conocimiento de una cultura, y que lo importante está en encontrar algo que nos interese de ésta.

Así que cada vez que alguien me dice que se le da mal el inglés y que siempre será así, les regalo esta historia personal por si se diera el caso, que como a mí, les hubieran contado la película de forma equivocada.

Daniel Soler.